Los Monasterios de la Bucovina se hallan íntimamente ligados a la historia de esta región de Rumania, parte del antiguo Principado de Moldavia, por lo que es fundamental conocer aún en resumen su interesante historia.
Moldavia fue el segundo Principado rumano que logró la intendencia de los húngaros, convirtiéndose así durante el siglo XVI en lugar de refugio para miles que huían de la húngara Transilvania.
En 1359, el Príncipe Bogdan de Cuhea, de Maramures, tras años de conflictos con los húngaros, trasladó su centro de resistencia
Besarabia, area al este del rio Prut, fue conquistada y reclamada por Rusia en 1812. A pesar de haber sido recuperada por Rumania en el período 1918.1940 y, de nuevo, en 1941-44, al día de hoy Besarabia se encuentra dividida entre Ucrania y la República de Moldavia, país situado al este de Rumania, debajo de Rusia.
Añadiéndole cierta confusión a este continuo cambio histórico, muchos rumanos se refieren a Moldavia por su forma eslávica ¨Moldova¨, un triste legado del brutal comunismo. Y, por otra parte, para diferenciar, siempre citan a Moldavia como la ¨República de Moldova¨.
LOS MONASTERIOS DE BUCOVINA
Los monasterios pintados de la Bucovina fueron erigidos en un tiempo en que Moldavia, y el resto de los Principados que más tarde se unieron para dar nacimiento a Rumanía, eran amenazados hacia ya siglos por el imperio Otomano y sus invasores turcos, desde el este. Grandes ejércitos populares se reunían en el interior de los muros defensivos de los monasterios, esperando a salir a la batalla. Para educar, entretener y arengar a estos soldados y campesinos analfabetos, comenzó la costumbre de pintar al fresco, en los exteriores de los propios monasterios, la escenas más importantes de la Biblia, mostradas como un anticipo de las modernas historietas.
Estas vastas composiciones son interesantísimas por el desconocimiento que tenían de las corrientes artísticas occidentales y, por lo tanto, la libertad que, en ocasiones, parece anticiparse a autores y estilos tan posteriores, como Chagall, Dali o los personajes venecianos de la Commedia dell´Arte
los realistas retratos de figuras humanas realizados sobre un fondo semejante a las verdes colinas circundantes. De allí nacieron los intensos colores que se han preservado hasta el día de hoy, desde los grises de Sucevita, a los azules de Voronet o los rojos de Humor.
Las pinturas fueron realizados con una mezcla de ingredientes naturales: sulfuros para el Amarillo, barros para el rojo, cobalto para el azul, pizarra para el negro, además de otros contenidos de hierbas y flores que han sido analizados sin éxito por científicos modernos.
Cada monasterio está dedicado a un santo, cuyo día supone una de las festividades más importante para los habitantes del monasterio. Las monjas o monjes deben ayunar (es decir, no carne, huevos ni lácteos) con varios días de anterioridad a cualquier fiesta religiosa. Del mismo modo, todos los miércoles, jueves y viernes del año, así como las seis semanas siguientes a Semana Santa y los días que preceden a la Navidad, son días de ayuno en los monasterios.
A los novicios se les exige servir entre tres y seis años en un monasterio antes de poder ser ordenado. Durante este período, deben pasar gran número de pruebas, de las cuales la más visible es el permanecer quietos en las calles durante varios días consecutivos, llevando una placa que indican que ¨esperan¨ una donación para su monasterio.
Todos los monasterios ortodoxos miran al este, respetando la creencia tradicional de que la luz de Dios brilla en la imagen del sol naciente. En su interior, están divididos en tres habitaciones: la pronaos, primera, la habitación de las tumbas, y la naos, o habitación del altar. A las mujeres no se les deja entrar al altar, cubierto de la vista general por un iconostasis, o una división de la naos bellamente esculpida en madera y cubierta con pinturas y oro.
La bóveda es una peculiar combina-ción del estilo bizantino y los arcos cruzados árabes que muestran en su mayor altura un enorme retrato de Dios o de la Virgen mirando directa-mente hacia abajo, hacia la congre-gación reunida abajo, como una representación del cielo
La mayoría de los monasterios están abiertos de 8 a 18:00, y, con el precio de la entrada, pueden ofrecer visitas gratuitas en rumano, inglés o francés. Hay un coste extra por las cámaras de fotos, etc. Los pantalones cortos están prohibidos, y a las mujeres se les exige entrar con los hombros cubiertos. Fumar esta igualmente prohibido.
El sur de Bucovina supone la región noroccidental de la actual Moldavia, y el norte de la Bucovina histórica es hoy parte de Ucrania.
En 1775, la región fue anexada por el imperio Austro-Húngaro, y permaneció en manos habsburgas hasta 1918, que fue retornada a Rumania. La Bucovina norte fue unilateralmente anexada por la Unión Soviética en 1940, con un aviso previo de 24 horas, y es hoy parte de Ucrania.
Desde Suceava, Esteban el Grande (¨Stefan cel Mare¨), llamado ¨el atleta de Cristo¨ por el Papa Pio VI, lideró la resistencia contra los turcos desde el año 1457 hasta el 1504. Este príncipe y su hijo, Petru Rares, erigieron 44 monasterios fortificados, e iglesias, a lo largo de toda la Bucovina, tras prometer a Dios erigir un centro religioso por cada batalla ganada.
Muchos han sobrevivido milagrosamente a siglos a la intemperie. Solo cuando Petru Rares (en la figura inferior) fue vencido por los turcos en 1538, terminó la época de oro de Moldavia que, solo en parte, retomó parte de su gloria tras unirse al Principado de Valaquia, en 1859, por el Príncipe Alexander Ionan Cuza, cuando nació el moderno estado rumano, con la ciudad de Iasi como su primera capital.
La Moldavia medieval era mucho más grande que la porción que se incorporó para formar Rumania en 1859.
Después de la ocupación habsburga de la Bucovina en 1775, la mayoría de los monasterios fueron cerrados, y sus habitantes forzados a llevar vidas civiles.
Como ya vimos antes, este hecho solo ocurrió en otra ocasión, cuando fueron igualmente perseguidos por el Comunismo.
Es solo desde 1990 que estos santuarios sagrados han logrado igualar el dinamismo del exterior.