Putna es uno de los más importantes monasterios de Bucovina.
Sus enormes instalaciones incluyen, en su centro, el propio monasterio del siglo XV, y a su alrededor las instalaciones privadas de los monjes, un moderno museo que es absolutamente fundamental en la historia de Rumania, otro monasterio ortodoxo, una necrópolis con la tumba del propio Stefan cel Mare y toda su familia, así como diversos centros de estudio.
Putna es, pues, singular por dos razones primeras.
La primera, que es el único de los grandes nombres de monasterios de la Bucovina que se halla habitado por monjes, no por monjas.
La segunda, por poseer ese importantísimo y apasionante museo en el que no solo es posible contemplar, como ya hemos dicho, las propias tumbas de Esteban el Grande y su familia, sino una asombrosa colección de bienes, tesoros y objetos parte de la vida diaria e íntima propiedad de esta familia: entre ellos, sus trajes (impresionantes los de guerrero, muy elaborados y ricos los de ceremonias), la valiosa Biblia que Stefan cel Mare llevaba personalmente consigo en cada batalla, así como otros mucho objetos personales e históricos que retrotraen por completo en el tiempo.
Una auténtica colección de tesoros que incluye valiosísimos iconos centenarios y numerosos manuscritos medievales.
Además, si usted se encuentra en Putna a las cinco de la tarde de cualquier día, tendrá la ocasión de vivir con los monjes la intimidad y sobriedad de una Misa Ortodoxa cantada por ellos mismos. Inolvidable.
Como ya hemos señalado, el propio Estaban el Grande está enterrado en la Sala de Tumbas del pequeño monasterio; más abajo está la tumba de su esposa Maria Voichita; a la izquierda la tumba de sus dos hijos, Bogdan y Petra y, sobre la tumba de ellos, la de la segunda esposa de Esteban el Grande, María de Mangop, de Grecia.
Como todas las historias de los monasterios de la Bucovina, la de Putna es también muy interesante. Como era habitual después de cada conquista, para celebrar en esta ocasión la conquista sobre los turcos de la cercana Chilia, Stefan cel Mare subió a lo alto de la colina que mira a Putna, y disparó su arco varias veces en dirección al valle inferior.
Donde se clavó la primera flecha, se convirtió más tarde en el lugar de la ¨naos¨ sagrada del Monasterio de Putna; la segunda flecha decidió el sitio del altar. La tercera la torre con su campana.
Según usted se acerca al monasterio de Putna, podrá ver el lugar desde donde disparó su arco, marcado actualmente con una gran cruz blanca. Putna es el único de los monasterios donde es posible apreciar el punto exacto desde donde Stefan cel Mare disparó sus flechas para ubicar los monasterios.
El Monasterio de Putna fue construido entre 1456 y 1481, y es hoy en día centro de una comunidad de 60 monjes que constituyen una de las más activas e importantes comunidades religiosas del mundo ortodoxo.
En la década de los cuarenta del siglo pasado, bajo el terror del régimen comunista, el monasterio fue obligado, por primera vez en medio milenio de existencia, a cerrar sus puertas, clausurar sus actividades, y sus monjes a vivir forzosamente vidas seglares.
Se convirtió en monje a la edad de 16 años, y más tarde se fue a Chilia en donde él mismo cavó esta cueva. En 1451, Esteban el Grande fue a pedir consejo al sabio ermitaño. Fue Daniel quien le pronosticó que un día gobernaría Moldavia.
Estaban el Grande le pidió de nuevo consejo en 1476, en el monasterio de Voronet, en donde el ermitaño Daniel le dijo que debía seguir defendiendo la Cristiandad luchando contra los turcos.
El Ermitaño Daniel murió en 1496 en el Monasterio de Voronet, donde se encuentra enterrado.
En Chilia, a dos kilómetros de distancia del monasterio, se encuentra, completamente intacta, la cueva de piedra del Ermitaño Daniel, del siglo XV. Adentro está su humilde mesa de madera y una placa recordatoria de su persona: Daniel Dimitriu, nacido en la villa cercana en el mismo siglo.
Iglesia de madera construida en 1353
Situada en las proximidades
Un siglo después de su construcción, cuando los turcos lograron por fin reconquistar la zona y acceder al propio monasterio, con la intención de borrar las ricas pinturas de su interior, lo quemaron por dentro con un intenso fuego que logró su objetivo: la viejas pinturas fueron completamente destruidas y desaparecieron por completo.
Solo en la actualidad, cuatro siglos más tarde, el monasterio ha vuelto a ser pintado por los grandes artistas, especialistas en iglesias ortodoxas, los hermanos Morosan, cuya labor todavía puede ser contemplada pues sus trabajos comenzaron en el año 2003.
El Monasterio de Putna fue descrito por el gran poeta rumano, Mihai Eminescu, como ¨la Jerusalén rumana.
Fresco de los dos hermanos Morosan, renombrados artistas.